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La caridad del cobre / Ochún

Publicado: 27 de Febrero de 2015

Es una advocación de la Virgen Maria
Ochún es considerada como la Afrodita yoruba. Diosa muy popular y admirada, no en vano se sincretiza en la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba. Es la Orixá del amor sensual y sexual, protectora de los amantes y los amores ilícitos, y está siempre dispuesta a escuchar y resolver cualquier problema o pena de amor que le vengan a contar sus hijos.
En otro orden de cosas, Ochún también es la diosa protectora de las mujeres embarazadas y de ella se dice que «cuida de las barrigas» tanto de embarazos difíciles como de los problemas derivados de la zona abdominal en general. También cuida las enfermedades genitales, del hígado y las propias del flujo sanguíneo, teniendo, además, la facultad de sanar las hemorragias. Ochún es también la dueña de los ríos, de los metales amarillos y patrona de la belleza, de la feminidad, de la paz y el amor, de la dulzura, la coquetería, la misericordia y la armonía.
La Orixá que nos ocupa es una diosa de poderoso magnetismo que representa todas las virtudes que comúnmente se valora en las mujeres: es bella, sensual, zalamera, presumida, coqueta, dócil, cariñosa, hacendosa, inteligente, muy buena bailarina, amante del arte y de la música, sumamente alegre y risueña.
Se la representa como una hermosa Orixá mulata, de pelo negro que le llega hasta la cintura, liso, suave y fragante. Esbelta de cuerpo, voz cristalina, risa contagiosa, carácter positivo y feliz, siempre rodeada de flores, adorna sus muñecas y tobillos con cinco pulseras de oro que tintinean cuando baila y, en numerosas ocasiones, también se le atribuye una corona.
A Ochún se la relaciona afectivamente con numerosos Orixás. Se dice que, juntamente con Oyá y Obá, fue esposa de Changó. También se la relaciona sentimentalmente con Agayú, Orula, Ochosi, Olofi, Oggún y Babalú Ayé, pero, a pesar de todo, de ella se dice que siempre fue mujer de un solo hombre, no relacionándose con varios Orixás a la vez, sino esperando que una relación estuviera terminada para reiniciar otra.
Cuando se posesiona o «cabalga» a uno de sus hijos, baila de manera sensual, rítmica y acompasada. Se dice que a ella le corresponde el más hermoso de todos los bailes propios de los Orixás. Sus manos se mueven recorriendo su cuerpo como si de afluentes de un río principal se tratase. Agitando los brazos, hace sonar sus pulseras y danza cimbreando la cintura cubierta con una saya y cinco pañuelos, con las manos extendidas pidiendo la atención de todos, solicitando oñí (miel) con que endulzar y curar los corazones.
Las ofrendas que más agradan a Ochún son las preparadas con delicadeza y buen gusto, adornadas con flores blancas y amarillas, preferentemente crisantemos y girasoles. Le gustan la miel y la canela, el arroz amarillo, el coco bañado en miel, los camarones y todos los peces de río, tanto ahumados como secos, el boniato y el aceite de almendras.

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